Anselm Fóvea

Dejar de sostenerme en el agua me asusta más que ahogarme: la ciencia afirma que el cuerpo flota por defecto, pero llevo la vida nadando contra esa gracia. Bajo la superficie los sonidos se distorsionan y mi cara se disuelve en lo que fui antes de tener nombre, flotando sin responder por nada. Salgo empapada y reconstruida, sin saber si asoma mi rostro o su rescate.

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