D. Maiguashca
Los peces de las profundidades desarrollan ojos enormes para detectar la mínima luz en la oscuridad. Los personajes de D. Maiguashca parecen compartir esa urgencia: pupilas desbordadas que buscan algo fuera del cuadro y labios excesivos que oscilan entre el afecto y la mordida. El azul que los rodea no recuerda al cielo, sino a la asepsia de una sala de espera donde el deseo y la ansiedad permanecen aislados. La pintura no corrige sus deformaciones; las lleva hasta un límite en el que la caricatura deja de parecer una broma y empieza a parecérsenos demasiado.