Hester Finch

La tinta de los manuscritos medievales atravesaba pergaminos raspados y volvía a escribir sobre palabras anteriores; pienso en eso cuando observo cómo una consigna recorre el pómulo de un retrato y el cuello de una desconocida, como si la piel no fuera más que un documento corregido una y otra vez. Superpongo versos y reclamaciones sobre fotografías de distintas décadas, dejando que el lenguaje antiguo actúe sobre los rostros como una herencia biológica. Los siglos cambian, pero la tensión permanece intacta: escribir nunca consiste en añadir algo nuevo, sino en aceptar que la identidad se construye sobre las huellas de voces ajenas.

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