Lalá Tuscan

Hay una dignidad obscena en aislar un trozo de pan hasta que ocupe la atención entera y la grasa sea el único acontecimiento. Los lípidos reflejan la luz como promesas indecisas: prometen consistencia y dan un charco. Fui alimento cotidiano comido sin mirar, hasta monumentalizarme sobre un fondo neutro para que alguien admita que mi corteza también cruje.

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