Mila Palm

Leí que el cerebro une las formas separadas por apenas unos milímetros, como si no soportara la idea de la fractura. Mila Palm parece resistirse a esa costumbre. Sus habitaciones y terrazas distribuyen el silencio mediante puertas entreabiertas, planos de color y plantas inmóviles bajo la luz de la tarde. Los cuerpos comparten el espacio, pero cada uno permanece dentro de la órbita privada de sus pensamientos, a la distancia exacta que impide el contacto. Tal vez la soledad consista en eso: sentarse junto a alguien mientras el color levanta, pacientemente, muros invisibles entre las manos.

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