Rodolfo Amejelo
Cuando era niño pensaba que los insectos tenían demasiados ojos porque desconfiaban del mundo. A veces vuelvo a creerlo al mirar las criaturas de Rodolfo Amejelo. Sus picos, semillas y pupilas desplazadas recuerdan a los dibujos distraídos que aparecen en el margen de un cuaderno mientras sucede algo importante en otra parte. La biología llama poliópticos a ciertos organismos capaces de fragmentar la luz, pero ninguna teoría explica qué ocurre cuando vemos demasiado. Hay algo cómico y cruel en estos animales, mitad juguete y mitad presagio. Quizá crecer consista en descubrir que multiplicar la mirada no vuelve el mundo más nítido, sino más extraño.