Valeria Neva
Se dice que algunas aves permanecen inmóviles antes de migrar, como si memorizaran el paisaje que van a perder. Las mujeres de Valeria Neva habitan esa misma suspensión: escaleras detenidas, ventanas vacías, señales que delimitan un mundo demasiado estrecho para lo que callan. Tras unas gafas oscuras o una mirada desviada, el tiempo se deposita como polvo sobre los muebles y convierte cada gesto aplazado en resistencia. La verdadera historia ocurre unos segundos antes del umbral, cuando todavía es posible no elegir.